¿Conocemos la pobreza?

 

Sociedad

Es tiempo de escuchar
Karely Paredes

En los últimos años se ha hablado mucho de la pobreza. En la Declaración del Milenio celebrada el año 2000 representantes de 189 países se comprometieron a reducir la pobreza a la mitad para el año 2015, pero hoy vemos que las estadísticas no han cambiado mucho y que la situación no ha mejorado nada para todas estas personas que la viven cotidianamente.

En definitiva esta situación es alarmante, para muchas personas el tema de lucha contra la pobreza debe ser una preocupación únicamente del gobierno, pero ¿cómo reaccionamos de manera personal frente a ella?. Entonces me atrevo a preguntar ¿qué tanto sabemos de la pobreza y de la pobreza extrema?, ¿la conocemos realmente?, ¿qué sabemos de los que la viven?.

Estoy segura que a menudo nos encontramos con personas que viven esta situación; con niños que trabajan de diversas maneras en las calles, con madres que por unos centavos lavan ropa ajena, con hombres que ofrecen su fuerza cotidianamente esperando que alguien les ofrezca trabajo y aún peor con gente pidiendo en la calle, estirando la mano por una moneda; ¿cuál es nuestra reacción frente a estos cuadros?, ¿acaso ya los asumimos como normales, como cotidianos? o ¿aún nos interpelan, acaso aún nos cuestionan?.

Hace más de un año que vivo en Escuintla, Guatemala y allí llegué a conocer a la familia de doña Olga y su esposo don Manuel, durante este tiempo casi nunca pude conversar con don Manuel porque cada día sale muy temprano de casa para poder vender helados y con ello mantener a toda la familia. Este año ellos se animaron a inscribir a dos de sus hijas a la escuela; Maribel en primer grado y María en segundo grado, haciendo muchos esfuerzos lograron comprar poco a poco los útiles escolares que las dos niñas necesitaban, primero los cuadernos y luego los otros materiales, durante este tiempo muchas veces Maribel no quería ir a la escuela porque no tenía una mochila para llevar sus cuadernos, ella decía: “es que no tengo en qué llevar mis cuadernos y los otros niños me molestan”, pero aún así siguió adelante junto a su hermana, en el transcurso de los meses la maestra de la escuela comenzó a exigir a los niños que asistan con zapatos, pero para la familia de Maribel comprar estos zapatos era casi imposible, esto lo explicaba doña Olga diciendo: “Ahora le están pidiendo los zapatos a Maribel, pero no hay dinero, por eso le mando sólo así con sandalias, si no hay dinero de donde puede sacar uno, lo que entra en la casa es para la comida”. A estas dificultades que vive la familia se ha sumado la enfermedad de don Manuel que sufre de diabetes, que en estas últimas semanas se ha agravado y no le permiten caminar con facilidad, esta y otras dificultades ha llevado a la familia a tomar la decisión de que María deje la escuela para poder ayudar a su papá con la venta de los helados, pero la enfermedad de don Manuel lo limita cada día más, la última vez que lo vi estaba pidiendo ayuda a la salida de una tienda esperando que la gente pueda ayudarlo con algo de dinero. Al verlo me pregunté ¿Qué situación tan desesperada está viviendo este hombre y toda su familia que lo ha empujado a tomar esta decisión?, ¿Cuánta impotencia y humillación debe sentir este hombre que ya no puede mantener a su familia con su trabajo?.

¿Cuántas familias como la de don Manuel conocemos?, ¿Cuántas de estas historias se tienen que repetir cotidianamente para que intentemos cambiarlas?, estoy segura que no podemos quedar indiferentes ante estas situaciones, es tiempo de detenernos a pensar en lo que cada uno puede hacer para cambiar esta situación, no con soluciones momentáneas sino con cambios que permitan a todas las familias como la de don Manuel acceder a una vida digna.

Comparte:
  • Print
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • LinkedIn
  • MySpace
  • PDF
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks

Columnas relacionadas:

3 comentarios... agrega el tuyo!

  1. Jorgicha - 29 Agosto, 2009

    “estoy segura que no podemos quedar indiferentes ante estas situaciones, es tiempo de detenernos a pensar en lo que cada uno puede hacer para cambiar esta situación, no con soluciones momentáneas sino con cambios que permitan a todas las familias como la de don Manuel acceder a una vida digna.” De hecho… lo que dices es del todo cierto… pero esperaba que en tu artículo dieras al menos esbozos de lo que tú consideras esos “cambios para acceder una vida digna”.
    Un abrazo.
    Tu compañero.
    Jorgito.

     
  2. Karely - 1 Septiembre, 2009

    Hola Jorge, gracias por tus comentarios.
    La idea de compartir esta pequeña parte de la historia de don Manuel y su familia es para permitir a los lectores conocer lo que viven estas personas, pues parto de la idea que no podemos “luchar” contra aquello que no conocemos, luego creo que es una invitación a cada uno a ser capaz de comprometerse dónde viven, estudian o trabajan a tomar en cuenta estas realidades y lo que pueden aportar estas personas para buscar cambios. Estoy segura que cada uno tiene cosas valiosas más allá del dinero que podría aportar a la vida de estas personas, por ejemplo Maribel no ha perdido las ganas de ir a la escuela, porque con nosotros descubrió lo interesante que puede ser un libro.

     
  3. Vladimiro Pino - 4 Septiembre, 2009

    Hola Karely:
    Me gusta lo que escribiste, porque eres sincera con lo que dices y sobre todo lo que me parece interesante es que hay realidades que no conocemos, y nos pones los pies en la tierra y creo que tu posición de no dar soluciones a estos problemas me parece justo, no deberíamos quitarles este derecho, porque una vez más les estaríamos marginando de sus responsabilidades como ciudadano y creo que eso es injusto, lo que hace rico a un proyecto o lo que sea, para solucionar estos problemas de desigualdad social, es que estas personas sean protagonistas y participes de estos llamados proyectos de desarrollo de parte del Gobierno y de las ONGs.
    Con amistad Vladicha

     

Agrega un comentario

 
Get Adobe Flash playerPlugin by wpburn.com wordpress themes