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Maestro Chichero

Estado de Coma
Juvenal Zamalloa

Parte 1

Distrito de Oropesa: Como es costumbre Don Alcides Tupallachi, se levanta a las tres de la madrugada, para realizar su labor de todos los días. Ingresa a la cocina, un pequeño cuarto oscuro, ennegrecido por el humo, con ramas, hojas secas y troncos que  sirven de combustible, cerca de la puerta una pequeña cocina de barro, encima de esta, dos ollas llenas de agua, aguardando que las manos de don Alcides inicien su trabajo.

En el cuarto contiguo, un poco más grande; reposa, la jora – maíz germinado- que según algunos conocedores, es la mejor forma de consumir el maíz, por una mayor asimilación de sus nutrientes. Está secando, comenta don Alcides, aguardando ser llevada al molino del pueblo. La jora del día anterior, que ya fue molida, será depositada en las ollas llenas de agua. Mezclada después, con otros ingredientes -probablemente afrecho-, hervirá hasta llegar a su punto.

El resultado será filtrado en una canasta de carrizos con paja en la base, depositada en una vasija de barro, este producto, que irá fermentando, se denomina Upi, el residuo que queda en la canasta será hervido y filtrado nuevamente, para dar como resultado el Seqe.

De la unión del Upi y el Seqe nace la Chicha. Esta bebida que Don Alcides elabora, gracias a su esposa, quién le enseño el secreto de la preparación y que ella aprendió de su madre y abuela, una tradición vertida de generación en generación.

Él comenta que por la edad; entre 60 a 70, no puede ejercer su anterior oficio, el manejar un camión de carga, que transportaba productos a Puerto Maldonado y otros lugares, ahora la vista cansada no le permite continuar con esta faena, sin embargo, se convirtió en todo un maestro chichero, lo que cuenta con mucho orgullo.

Llegada la mañana y fermentada la Chicha, Don Alcides, sirve el primer vaso y lo lleva al patio, donde brinda un trago a la Madre Tierra, la Pachamama, que debe bendecir este producto, resultado de su propio vientre, así también brinda con sus Apus Tutelares, entre ellos el Ausangati y el Pachatusan.

La Chicha tiene una estrecha relación con el trabajo y la producción, comenta, mientras mezcla en un balde un poco de chicha con beterraga, lo que le dará un color medio rojizo. Para darle un toque más fuerte, vierte un poco de aguardiente, sólo un poco es necesario, dice, para apresurar el proceso.

Llegada la tarde, y sumergido en las historias de su juventud, atiende a sus clientes, que sentados en las bancas que rodean el patio; algunos solos y cansados por el trabajo en la chacra, otros entre amigos, conversando y riendo; se reúnen en torno a esta bebida, mestiza, resultado de transformaciones, sociales y culturales, producto de la tierra viva, esta bebida que duerme en una vasija de barro, a la espera de los runas (hombres) para  alegrar su vida o sosegar sus desdichas.

Don Alcides continuará preparando Chicha, muy cerca de la plaza del distrito de Oropesa, en una pequeña casa con la puerta siempre abierta y una badea roja, que anuncia desde lejos que en ese lugar encontrarán una bebida que reunirá a los hombres con sus antepasados, con su historia y con la Pachamama.

Fotografía: Fredy Romero Peralta

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  1. Jermani on Domingo 27, 2009

    La chicha ha sufrido muchas transformaciones, en los ingredientes que utilizan, en la preparación, en el tiempo de fermentación y otros, mas sigue siendo esa bebida símbolo del ande peruano, con el cual el runa brinda con los Apus…Qué chévere la crónica.



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