De por ké el hombre de ojos caninos no dormía
Enero 24, 2010 Poesía
Porke todo es más sencillo al final del día y un libro despierta ante mis ojos y estas manos ke acarician su presencia al asomarse la noche dan luz verde a la blanca mirada ke presagia ese candor, amanece cuando señala un futuro incierto. Viajo en el tiempo, en mi tiempo donde soy seducido por mundanas ofertas ke me prometen recordar nada mañana cuando todo es más valioso. Como si esta maraña de hilos ke me tienen suspendido escribieran algo sobre la ausencia o algo sobre un hombre ke atravesó remotas tardes cuando solo se podía ser sincero a solas e intestinamente sobrevolaban las horas ajenas a lo infinito ke nos toca vivir. Lo recuerdo bien, siempre dejaba a sus ojos gigantes y caninos despedirse del sol a esa hora donde apenas nos besa el rostro y se vuelve prometedor fiel a su naturaleza delirante, recuerdo todos esos adagios ke lo convirtieron en esto, en esta sangre efluvio salvaje ke acaudala un río ke riega el boske de huesos donde aves románticas cantan al unísono para no dejarse ver; a veces en el veranillo de los primeros meses del año llueve durante días interminables, es mágico porke las horas con los recuerdos son mucho más largas y es inevitable dar un paseo por las soledades de las hojas ke mueren al caer. No puedo evitar reconocer mi uránico rostro de niño viendo las muchas veces ke he muerto, así regreso otra vez a mis libros ke ya duermen felices por haberme recibido por haberse dejado escuchar. Verso y bebo en copa rota guardando un dulce protocolo para las 17 horas, para cuando ella regrese o kizás para cuando simplemente todos nos hayamos perdonado.
Pavel Ugarte
De la selección de textos “Los Resurrectos”
La imagen de acá.

