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La educación también es un derecho para los más pobres

 

Educación

Es tiempo de escuchar
Karely Paredes

“Lo que yo no sé, que lo aprendan mis hijos”

Durante generaciones los más pobres sueñan con un futuro mejor para ellos y para sus hijos, sueñan con que sus hijos no vivan las mismas carencias, las mismas humillaciones, la misma exclusión que les toca vivir, ellos son consientes que el camino para salir de esta situación es la educación.

En Guatemala como en muchos países de Latinoamérica el sistema educativo público no ha contribuido en el acceso a la misma vulnerando gravemente uno de los Derechos más elementales, este acceso en muchos casos está limitado por cobros durante el momento de la inscripción y otros que se realizan en todo el transcurso del año con diferentes motivos.

Durante el mes de septiembre del año pasado como producto de la movilización de la Sociedad Civil, el Presidente de Guatemala Álvaro Colom firmó un Acuerdo Gubernativo, por el cual se garantiza la gratuidad de la educación para el año 2009. Esta medida busca garantizar que ningún niño quede fuera de la escuela a causa de la situación económica de los padres. Esta medida animó a muchos padres de escasos recursos a inscribir a sus niños en la escuela, algunos lo hicieron por primera vez; pero la inscripción no es garantía de éxito y eso lo hemos visto durante todo el año, pues más allá del acuerdo, las escuelas, los maestros y el propio Ministerio de Educación no estaban preparados para esta medida, lo que se vio en todas las dificultades y deficiencias que las escuelas, y sobre todo los más pobres tuvieron que afrontar.

Un año después de la firma del Acuerdo Gubernativo vemos que esta búsqueda de mejorar las condiciones de las escuelas y con ello la educación de todo el país, no es sólo una preocupación del gobierno o de instituciones sino sobre todo de las familias más pobres.Un grupo de ella se reunieron con motivo de conmemorar el 17 de Octubre “Día Mundial de Rechazo a la Miseria” para desarrollar un Foro público y evaluar lo que para ha significado para estas familias la gratuidad de la Educación y al mismo tiempo presentar propuestas con el apoyo de los medios de comunicación.

Entre algunas de las propuestas que nacen de su propia experiencia están:

- Es necesario controlar bien lo que cada escuela necesita, ver cómo está, y hacer de este control un buen seguimiento. Donde no se cumple la ley, se tiene que intervenir. Tiene que haber más control por parte del Gobierno. Para esto se pueden potenciar la organización de padres de familia y maestros que aseguren el respeto de la gratuidad y las condiciones mínimas de cada escuela.

- Que los maestros no pidan dinero para actividades recreativas o de otra índole, y sobre todo que no bajen puntos de los alumnos que no van a las excursiones, u otras actividades, pues muchos no van porque las familias no tienen dinero para pagar.

- Falta calidad en la educación. Hay que potenciar la capacitación de las y los maestros para que mejoren las formas de enseñanza, no discriminen a los niños y estén más motivados. A menudo, los alumnos que saben más son puestos adelante y los que saben menos son arrinconados, y son esos los que necesitan de una atención especial.

- Que las capacitaciones no impidan la presencia de los maestros en las escuelas ni afecte el proceso de educación en las mismas.

- Es importante que se incremente el presupuesto de educación y no que le quiten y lo inviertan en otros proyectos

- Pensamos que es importante crear espacios de dialogo entre los maestros y nosotros, madres y padres, para conocerse mejor, superar las incomprensiones mutuas, que los maestros entiendan mejor lo que vivimos y respeten más a nuestros hijos.

Estas propuestas son una muestra clara que si creamos los espacios y les damos una oportunidad los más pobres pueden ser actores de cambio y que pueden contribuir para mejorar la situación no sólo de ellos si no de todo un país.

En el país de los faenones, la calidad universitaria es lo de menos

 

Educación

De las utopias a lo inmediato
Jermani Ojeda

jermani@elcaminerito.com

La Times publicó el último ranking de universidades del mundo, por supuesto que Harvard sigue en el primer lugar, seguida por universidades británicas y norteamericanas principalmente. Lo novedoso es el ascenso, que para muchos se esperaba, de las universidades asiáticas: China, Japón, Singapur quienes tienen sus centros de enseñanza superiores entre las 200 mejores en el mundo.

Sólo dos universidades de habla hispana están entre las 200 primeras, la Universidad de Barcelona en España y la Universidad Autónoma de México (UNAM), ninguna universidad brasileña aparece en la lista. Igualmente las argentinas, colombianas y chilenas que en los últimos años han demostrado sus esfuerzos por brindar una educación de un nivel competitivo a nivel internacional.

¿Qué factores se tomaron en cuenta para sacar este ranking? La calidad de los académicos, premios y distinciones, publicaciones más leídas, investigación, organización de la institución, entre otros.

Es notable el descenso de las universidades latinoamericanas, sobre todo de las brasileñas. Pero entre las 500 primeras figuran 5 universidades del Brasil, 2 argentinas, dos chilenas, una colombiana, dos mexicanas y ninguna peruana. Lo más lamentable es que ningún medio de información lo haya difundido y a partir de ello se haya generado alguna discusión acerca de la realidad universitaria que vivimos, como muy bien lo señaló Bryce Echenique en un artículo: la educación no vende pues.

Se me viene a la mente los esfuerzos que hacen los países vecinos como Brasil, Argentina, Chile, Colombia por mejorar sus universidades, por otorgar becas para el extranjero, por hacer más investigación, por captar intelectuales no sólo de su país. Un caso es nuestro vecino del sur, que anualmente envía más de 1500 estudiantes y profesionales becarios al extranjero, sin exigirles que vuelvan una vez que terminen sus estudios a su país de origen, porque saben muy bien que desde cualquier parte del mundo trabajarán o contribuirán de algún modo por el desarrollo de su nación.

En un artículo publicado en El Comercio el 15 de junio pasado, el Vicerrector de la Universidad Jesuita Antonio Ruíz de Montoya, Benjamín Marticorena, hacía mención a la National Science Foundation de los Estados Unidos y al aumento de presupuesto al doble del anterior para la investigación y la ciencia que ha hecho la administración Obama el presente año, decía el presidente norteamericano que en tiempos de crisis se tenía que invertir más en hacer ciencia, para comprender mejor la situación y darle la salida correspondiente. Más adelante mencionaba a Ghandi cuando decía que «un país tan pobre como la India no puede permitirse no hacer ciencia».

Lo anterior hace mención a ese factor tan importante en el desarrollo de cualquier pueblo del mundo: la educación, en este caso principalmente la universitaria. Y con Ghandi diremos también que un país tan pobre como el nuestro no puede prescindir de hacer ciencia. Investigar e investigar más nos hará comprender mejor nuestra realidad, nos hará ver de mejor manera las posibilidades de salida y nos hará relacionarnos de manera más inteligente con nuestros vecinos.

Por supuesto que el problema es discutible, el mismo ranking es discutible, mas la necesidad y la urgencia de cambiar nuestra educación universitaria es verdadera. Un factor es el poco presupuesto que se asigna a la universidad pública, otro la poca formación de muchos de los docentes y otra más grande es la situación social que atravesamos y a partir de este último nos daremos cuenta que los problemas de la educación del Perú son profundos, muy antiguos y están enraizados en nosotros. Por éste factor último es que se reproduce permanentemente la situación actual, tanto en docentes como en estudiantes, claro que con excepciones. Nuestras universidades públicas sobre todo no se mejorarán mientras los grupos políticos, en su interior, sigan peleándose por ganar mayor espacio y poco o nada les interese cambiar la realidad, una pequeña muestra es que en mis años de estudiante nunca se realizó alguna actividad para mejorar nuestra biblioteca, aumentar las horas de apertura de la misma, exigir mayor apoyo a las investigaciones, becas para capacitar a docentes y estudiantes, etc, pero sí habían peleas para ocupar más cargos, para capatar más estudiantes del tercio, para decir que este grupo es revolucionario y los otros revisionistas, reaccionarios.

Un candidato presidencial que visitó la universidad pública del Cusco decía que mientras sigamos en las condiciones actuales (escasa o nula investigación, docentes poco preparados, sin laboratorios, desinterés de los universitarios, infraestructura deficiente, grupos políticos peleando por ganar mayor espacio y favorecer a sus allegados y demás males con que convivimos) fingiremos que tenemos universidad, que somos universitarios. No en vano la UNESCO declaró sólo a cinco de nuestras universidades como tales, de las 92 existentes, me pregunto: ¿el resto qué será? ¿pensaremos mejor en otro nombre y de universidad dejaremos de lado?

Es hora que los jóvenes del Cusco y de nuestro país dejemos de ser engañados por la educación insuficiente que recibimos y seamos críticos ante lo que recibimos y damos por la educación universitaria en nuestra sociedad. Estoy seguro que si se crearan espacios de debate, de propuesta y de acción tanto desde dentro como desde fuera de la universidad la situación tener alguna salida.

 
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