El inacabable llanto del cielo

 

Desde el domingo 24 de enero, intensas lluvias en la región del Cusco provocaron una cantidad de daños materiales y pérdidas humanas. En este video se visita el poblado de Huycho de la provincia de Urubamba. En esta zona la fuerza del río destruyó un puente, se perdieron viviendas y campos de cultivo.

Reportaje producido por Juvenal Zamalloa

Fotografías de Marco A. Moscoso

Maestros Chicheros

 

Reportaje

Estado de Coma
Juvenal Zamalloa

juvenal@elcaminerito.com

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Don Alcides Tupallachy, prepara y vende chicha en el distrito de Oropesa.
Edwin Chávez, maestro imaginero, realiza una investigación de la sagrada bebida.

Aborto, ¿un derecho o un crimen?

 

Sociedad

Estado de Coma
Juvenal Zamalloa

juvenal@elcaminerito.com

Sin lugar a dudas, uno de los temas más polémicos que se discute en estos últimos meses en nuestro país, es el de la despenalización del aborto, dando lugar a dos posiciones antagónicas, que se encuentran en foros, conversatorios, sermones eclesiásticos, movilizaciones, medios de comunicación y diversos tipos de manifestaciones. Estos encuentros y desencuentros definen claramente la posición de un sector del país, con la iglesia y políticos conservadores a la cabeza, que se oponen tajantemente a esta práctica, denunciada como un atentado a los derechos humanos, al otro lado del tablero, se encuentran organizaciones feministas, que exigen al gobierno la despenalización del aborto, como un acto de justicia para la mujer.

La polémica se inicia con el proyecto que busca despenalizar el aborto en el caso referido a la pena implantada en el artículo 120 del Código Penal, sobre el aborto sentimental o eugenésico, es decir:

“Cuando el embarazo sea consecuencia de violación sexual fuera de matrimonio o inseminación artificial no consentida y ocurrida fuera de matrimonio, siempre que los hechos hubieren sido denunciados o investigados, cuando menos policialmente; o cuando es probable que el ser en formación conlleve al nacimiento graves taras físicas o psíquicas, siempre que exista diagnóstico médico”. La sanción para este delito es la pena privativa de la libertad, no menor de tres meses.

Los temas son puntuales, ¿la mujer debería decidir sobre tener a un hijo, producto de una agresión? Y en el caso de que una pareja espere el nacimiento de un hijo, y estos se enteran que nacerá con graves problemas congénitos, ¿están en la libertad de tomar ese tipo de decisión?

El sector que exige la despenalización del aborto, en estos casos, tiene un sustento concreto a su favor y es que está demostrando que son más de 376 mil abortos los que se realizan al año, de acuerdo al informe del Estudio para la Defensa y los Derechos de la Mujer (DEMUS). El primer estudio nacional sobre la magnitud del aborto fue desarrollado por The Alan Guttmacher Institute (1994) entre 1988 y 1990 revelándose que en ese periodo se realizaban en el país alrededor de 271,1 mil abortos clandestinos cada año. Otro estudio realizado en el 2001 daba cuenta que en el 2000 se producían en el Perú alrededor de 352 mil abortos clandestinos por año. Tomado de “El Aborto Clandestino en el Perú”. 2006.

Dado que estos abortos se dan en condiciones clandestinas, y por este mismo hecho, antihigiénicas, sin tomar las mínimas medidas adecuadas, son la tercera causa de muerte materna anual. Las victimas más afectadas en estos casos son mujeres de bajos recursos económicos del campo y la ciudad, ya que no cuentan con recursos económicos, no pueden pagar los servicios de un especialista y recurren a personas no calificadas, e incluso realizan un auto aborto, ya sea tomando medicamentos, hierbas o  provocándose  lesiones físicas.

Teniendo en cuenta las cifras de abortos y muertes al año y la decadente realidad de nuestra sociedad, ¿no es necesario acaso que se legalice esta práctica?, para que las mujeres no pongan en riesgo su vida, ¿no es acaso un derecho que la mujer pueda decidir sobre su propio cuerpo?.

Definitivamente la polémica tiene para rato, se despenalice o no este artículo en el código penal, el tema continuará con la oposición de la iglesia y la sociedad más conservadora, enfrentada con el sector de mujeres que intentan ganar el derecho de decidir por ellas mismas.

Maestro Chichero

 

Cultura

Estado de Coma
Juvenal Zamalloa

Parte 1

Distrito de Oropesa: Como es costumbre Don Alcides Tupallachi, se levanta a las tres de la madrugada, para realizar su labor de todos los días. Ingresa a la cocina, un pequeño cuarto oscuro, ennegrecido por el humo, con ramas, hojas secas y troncos que  sirven de combustible, cerca de la puerta una pequeña cocina de barro, encima de esta, dos ollas llenas de agua, aguardando que las manos de don Alcides inicien su trabajo.

En el cuarto contiguo, un poco más grande; reposa, la jora – maíz germinado- que según algunos conocedores, es la mejor forma de consumir el maíz, por una mayor asimilación de sus nutrientes. Está secando, comenta don Alcides, aguardando ser llevada al molino del pueblo. La jora del día anterior, que ya fue molida, será depositada en las ollas llenas de agua. Mezclada después, con otros ingredientes -probablemente afrecho-, hervirá hasta llegar a su punto.

El resultado será filtrado en una canasta de carrizos con paja en la base, depositada en una vasija de barro, este producto, que irá fermentando, se denomina Upi, el residuo que queda en la canasta será hervido y filtrado nuevamente, para dar como resultado el Seqe.

De la unión del Upi y el Seqe nace la Chicha. Esta bebida que Don Alcides elabora, gracias a su esposa, quién le enseño el secreto de la preparación y que ella aprendió de su madre y abuela, una tradición vertida de generación en generación.

Él comenta que por la edad; entre 60 a 70, no puede ejercer su anterior oficio, el manejar un camión de carga, que transportaba productos a Puerto Maldonado y otros lugares, ahora la vista cansada no le permite continuar con esta faena, sin embargo, se convirtió en todo un maestro chichero, lo que cuenta con mucho orgullo.

Llegada la mañana y fermentada la Chicha, Don Alcides, sirve el primer vaso y lo lleva al patio, donde brinda un trago a la Madre Tierra, la Pachamama, que debe bendecir este producto, resultado de su propio vientre, así también brinda con sus Apus Tutelares, entre ellos el Ausangati y el Pachatusan.

La Chicha tiene una estrecha relación con el trabajo y la producción, comenta, mientras mezcla en un balde un poco de chicha con beterraga, lo que le dará un color medio rojizo. Para darle un toque más fuerte, vierte un poco de aguardiente, sólo un poco es necesario, dice, para apresurar el proceso.

Llegada la tarde, y sumergido en las historias de su juventud, atiende a sus clientes, que sentados en las bancas que rodean el patio; algunos solos y cansados por el trabajo en la chacra, otros entre amigos, conversando y riendo; se reúnen en torno a esta bebida, mestiza, resultado de transformaciones, sociales y culturales, producto de la tierra viva, esta bebida que duerme en una vasija de barro, a la espera de los runas (hombres) para  alegrar su vida o sosegar sus desdichas.

Don Alcides continuará preparando Chicha, muy cerca de la plaza del distrito de Oropesa, en una pequeña casa con la puerta siempre abierta y una badea roja, que anuncia desde lejos que en ese lugar encontrarán una bebida que reunirá a los hombres con sus antepasados, con su historia y con la Pachamama.

Fotografía: Fredy Romero Peralta

 
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